Hace unos días, me encontré por la calle con una compañera que, con preocupación, me dijo: «¿Sabes que esto de la inteligencia artificial nos va a dejar sin trabajo?». Sonreí ligeramente y le respondí con una pregunta: «¿Seguro que será la IAG quien nos deje sin trabajo? ¿O quizás es que tenemos miedo de que deje en evidencia lo aburridos y poco exigentes que han sido muchos de los ejercicios que hemos propuesto todos estos años?».

Reconozcámoslo: si ChatGPT puede responder rápidamente a nuestros ejercicios de aula, deberíamos cuestionar la calidad de lo que estamos proponiendo a nuestro alumnado. Tal vez la IAG nos está mostrando que muchas actividades son poco estimulantes.

Pensemos en actividades que mantenemos más por tradición que por convicción: copiar definiciones, resúmenes mecánicos, fichas repetitivas y exámenes centrados más en la memorización que en el pensamiento crítico o creativo. Ahí es donde la IAG se siente más cómoda: es experta en copiar y pegar, en repetir patrones. Si nuestra propuesta educativa consiste principalmente en eso, obviamente deberíamos preocuparnos. Mucho.

Pero permitidme ser claro y contundente: esto no significa que debamos abandonar por completo las metodologías tradicionales, ni que tengamos que adoptar ciegamente cada novedad tecnológica que nos llega con promesas milagrosas. La cuestión central es: ¿qué hacemos nosotros para que las actividades educativas no puedan ser resueltas simplemente por un algoritmo sin alma?

En este punto entra en juego el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), una metodología que nos recuerda que cada alumno es único y que debemos ofrecer múltiples formas de acceso y expresión. Por ejemplo, en lugar de pedir a toda la clase un resumen escrito de una lectura, podríamos ofrecer varias opciones: un debate oral, una presentación audiovisual o incluso una representación teatral. Así, garantizamos que todos puedan demostrar su aprendizaje de una forma auténticamente estimulante y adecuada a sus capacidades. ¡Ese sí que es un reto interesante para la IAG!

Cuando proponemos actividades que implican reflexionar, opinar y argumentar con criterio, la IAG se pierde un poco más. Si proponemos crear algo nuevo o relacionar conceptos y darles sentido, la IA necesita esforzarse mucho más que copiando una definición de Wikipedia. Así pues, debemos preguntarnos: ¿realmente estamos proponiendo actividades lo suficientemente ricas como para que ni siquiera una inteligencia artificial de última generación pueda responderlas fácilmente? Si la respuesta es no, entonces quizá la IA nos esté haciendo un favor al mostrarnos sin piedad nuestras debilidades metodológicas.

El futuro (y también el presente) pasa por integrar con sentido común nuevas metodologías con las prácticas tradicionales que sabemos que funcionan. Ni las pizarras digitales nos harán más sabios ni los libros de texto nos volverán obsoletos de un día para otro. El problema no está en las herramientas, sino en cómo las utilizamos.

¿Estamos utilizando la tecnología para repetir exactamente lo mismo que hacíamos antes? ¿O estamos aprovechando todo su potencial para crear experiencias educativas realmente significativas? Por ejemplo, podemos pasar de pedir una redacción estándar a proponer una web colaborativa donde el alumnado explique un tema en diversos formatos, o trabajar en un proyecto de ciencias que incluya salidas de campo, datos reales y la creación de un pódcast para compartir los resultados.

La oportunidad que nos brinda esta situación es inmensa. Tenemos la excusa perfecta para repensar, de verdad, qué queremos conseguir en las aulas. ¿Queremos alumnos que sepan memorizar definiciones que pueden encontrar en Google en segundos, o queremos alumnos capaces de pensar, cuestionar, crear y argumentar? La respuesta es evidente. Entonces, empecemos a actuar en consecuencia.

Por eso os propongo una última reflexión: si mañana mismo prohibieran el uso de actividades que cualquier IAG puede resolver fácilmente, ¿cuántas de nuestras prácticas actuales sobrevivirían? Vale la pena hacerse esta pregunta ahora mismo, antes de seguir leyendo. Si la respuesta es “pocas” o “ninguna”, ya sabemos por dónde empezar a revisar nuestros planteamientos educativos.

Quizá, después de todo, la IA no sea la amenaza, sino la aliada que necesitábamos para obligarnos a repensar y mejorar nuestra labor docente. ¿Será difícil? Probablemente. Pero si no somos nosotros mismos quienes nos ponemos un espejo delante, ya se encargará la IA de hacerlo con toda su indiferencia digital.

¿Cómo lo veis, entonces? ¿Seguís teniendo miedo de la IA o, más bien, tenéis miedo de la mediocridad que esta nos obliga a reconocer?


Imagen generada por el autor con Sora.


Esta obra tiene la licencia CC BY-NC-SA 4.0

Podcast also available on PocketCasts, SoundCloud, Spotify, Google Podcasts, Apple Podcasts, and RSS.

Deixa un comentari

Darreres entrades