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What are your favorite emojis?

Mi emoji favorito probablemente sea el que no uso.

Los emojis son útiles, sí, del mismo modo que los cubiertos de plástico son útiles: rápidos, limpios, desechables y un poco deprimentes si piensas en ello más de siete segundos. Llegan con la emoción ya montada de fábrica. Una carita amarilla le dice al mundo qué se supone que debes sentir antes de que hayas tenido la decencia de sentirlo como toca.

El problema no es el emoji. El problema es el abuso. Una frase seguida de siete caritas empieza a parecer menos comunicación y más una nota de secuestro escrita por el teclado del móvil. Alegría, tristeza, ironía, ternura, vergüenza: todo aplastado dentro de un catálogo municipal de reacciones homologadas. Los seres humanos pasaron siglos inventando la literatura, la pintura, la fotografía, la música, el silencio, la ceja levantada, y luego decidieron que un círculo amarillo guiñando un ojo ya bastaba. Una especie sensata, naturalmente.

Así que no, no tengo un top ten sagrado. Puedo tolerar algunos. La calavera, porque al menos admite que todo es ridículo. El corazón negro, porque tiene la cortesía de no fingir. La cámara, naturalmente, porque algunos tópicos pagan alquiler. Pero mi favorito sigue siendo la ausencia: el espacio en blanco donde podría haber habido un emoji, obligando a la frase a sostenerse sola sobre sus dos miserables piernas.

Esta fotografía lo dice mejor que yo. Gafas de sol, cigarrillo, teléfono, carta de bar al fondo, la cara de un hombre aparentemente retenido contra su voluntad por la comunicación moderna. No hace falta ningún emoji. La expresión ya hace el trabajo sucio.

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